En la actualidad casi 700 millones de personas son mayores de 60 años. Para 2050, las personas de 60 años o más serán 2000 millones, esto es, más del 20% de la población mundial. Este aumento será el mayor y más rápido en el mundo desarrollado. No se debe olvidar que las personas mayores pueden seguir contribuyendo de manera esencial al buen funcionamiento de la sociedad. Las personas de edad avanzada han de tener capacidad de decidir, de querer ser, de querer hacer, para convertirles en personas activas frente a la pasividad que se les presupone, y romper así con el estigma de la dependencia y la vejez.

Se debe promover el empoderamiento de las personas mayores, ayudándole a romper barreras mentales, dándole un sentido a lo que hacen. De manera que vean que la institucionalización, el deterioro físico, la dependencia y la pérdida de capacidades cognitivas no deben ser causa para no poder disfrutar de una vida normalizada. Empoderar a las personas mayores beneficia su calidad de vida, nivel de autonomía y en su autoestima, que son aspectos claves para un envejecimiento saludable y exitoso.

Se tiene la idea de que en las residencias los mayores no pueden ser autónomos ni tomar decisiones por sí solos, pero les tratamos y escuchamos como personas que son porque sabemos que la participación y reintegración social son piezas fundamentales de una estancia feliz.

Las personas mayores quieren participar en las actividades o aficiones, elegir su ropa o la comida que quieren comer, según sus posibilidades físicas.

Debemos escuchar cuáles son sus gustos, preferencias y motivarles para que estén activos. La filosofía de nuestras residencias es que los perciban como una prolongación de sus propios hogares, dónde además de estar atendidos de todas las necesidades y cuidados que puedan tener como alimentación, medicación, también puedan llevar una vida normalizada de socialización, aficiones y gustos.

Amaia Azaola, directora de la Residencia Kirikiño