Una vez nuestra sociedad ha sido capaz de añadir años a nuestras vidas, tocaba promover un envejecimiento activo que apueste por la participación social por tener una vida independiente y saludable, como medio de enriquecer y dotar de calidad de vida previniendo la aparición de la dependencia.

No obstante, los profesionales de residencias echábamos en falta políticas públicas reales dirigidas al cada vez más número colectivo que atendemos. Y por ello, desde las residencias Barrika Barri y Kirikiño asumimos que debíamos ser agentes activos y aportar en lo que nos ocupa. Es decir, políticas reales y adaptadas al colectivo de personas institucionalizadas, con graves limitaciones.

Suponía un gran reto, ya que no solo debíamos avanzar en la continuidad de los cuidados a prestar, sino que debíamos aplicar la innovación como método de superar barreras mentales y sociales, anteriormente no contemplados. El análisis de lo realizado durante años nos devolvía una y otra vez a un panorama muy diferente a lo que consideramos envejecimiento activo real. Apreciamos que era la propia persona usuaria la que no se implicaba, por lo que su participación y niveles de satisfacción no eran los más deseables.

Nuestra apuesta en los últimos años ha consistido en la utilización de herramientas propias de la gestión de los recursos humanos en el ámbito de la motivación personal. Promover el empoderamiento del residente, ayudándole a romper barreras mentales, dándole un sentido a lo que realiza, de manera que vea que la institucionalización, el deterioro físico y dependencia, la pérdida de capacidades cognitivas, no son causa para no poder disfrutar de una vida normalizada.

Aprendimos que la participación e integración social se convertía en una pieza fundamental. Quizás deberíamos hablar de una reintegración social ya que, desgraciadamente, la institucionalización, la sobreprotección familiar e institucional, la sobre cobertura de los cuidados, sus propias limitaciones, las ciudades poco amigables, los rápidos cambios tecnológicos, la globalización, etc. habían generado precisamente lo contrario.

Lo que nosotros proponemos es: promover las relaciones con otros colectivos, desarrollar y generar puntos de encuentro intergeneracionales, dar utilidad a lo que hacen, recuperar sus historias y poner en valor las experiencias de vida, recuperar las relaciones personales abandonadas, “salir” de los centros, frente al “acercar” todo al centro, comprometerlos con causas, favorecer su conectividad, educarles en el uso de nuevas tecnologías, volver a hacer cosas que dejamos de hacer, mantenerlos informados de la actualidad, voluntariado senior y viajar.

En definitiva es devolverles su capacidad de decidir, de querer ser, de querer hacer, para convertirlos en personas activas.

Ha sido un proyecto retador y exigente, siendo necesaria la implicación de todo el personal. Especialmente porque se debía empezar por cambiar actitudes y modelos previos, también en los propios residentes y familias. Los datos nos están dando la razón. Se ha mejorado el nivel de participación y de colaboración. Pero fundamentalmente, en la satisfacción de las familias y las propias personas usuarias.

Gabirel Azaola, director de las residencias Barrika Barri y Kirikiño