Trinidad Moro Méndez tiene 88 años y desde hace seis años vive en la Residencia Kirikiño, en el corazón de Santutxu. Pese a su longevidad y su condición física (tiene una pierna amputada por problemas de circulación), tiene mucha vitalidad y un marcado carácter que le hacen no parar desde que se levanta.

¿Qué es lo primero que haces al levantarte?

Me gusta hacerme la cama. Soy muy rara, no me gusta que tenga ninguna arruga y no dejo que me la hagan. Después, cuando ya estoy aseada, bajo a la cocina para ver qué puedo hacer.

¿A qué te refieres?

Me gusta la cocina. Siempre ayudo a las personas que allí trabajan. Echo una mano en lo que puedo y me dejan hacer lo que quiero. Además, se me da bien. Desde los diez años he estado a cargo de mis hermanos. Mi padre tenía parálisis, quién trabajaba era mi ama y yo desde pequeña cogí las riendas de la casa.

¿A qué te habría gustado dedicarte si no te habrías dedicado al cuidado de la casa?

Me gustaba estudiar pero en aquella época los padres daban los estudios a los hijos. Por eso me he dedicado a la casa, a coser, a lavar, a planchar… Si hubiera tenido menos edad me habría gustado estudiar algo relacionado con la Medicina y la circulación.

¿Por qué ese interés?

Hace seis años que me cortaron una pierna por la mala circulación y he pasado por muchos médicos durante mi vida; todo se pega. La mala circulación es una enfermedad que también tenía mi madre –a ella, pobre, le cortaron las dos piernas- y a mí de momento solo una (se ríe). No me puedo quejar, podía haber sido peor, me la querían haber cortado a los 36 y al final lo hicieron con más de 80.

Parece que te lo tomas con buen humor…

¡Qué voy a hacer! No puedo amargarme ni perder el tiempo lamentándome. Cuando me quitaron la pierna mis hijos nos llevaron a mi marido y a mí a esta residencia porque necesitábamos ayuda para las acciones del día a día. Ni yo le podía cuidar, ni él me podía cuidar a mí.

¿Tu marido estaba también mal de salud?

Tenía párkinson desde los 50 años y nada más entrar por la puerta le dije no te conozco, no cuentes conmigo para nada. Dormíamos juntos hasta que falleció, pero yo me iba con las mujeres y él con los hombres. Le quería mucho, pero no es fácil estar cuidando de una persona casi 30 años, así que necesitaba descansar, que es lo que llevo haciendo desde que vine a Kirikiño.

¿Y te gusta tu vida desde entonces?

Soy muy feliz en la residencia. Y no lo digo por compromiso. Mejor que aquí, en la residencia, no voy a estar en ninguna parte, hago lo que me da la gana, con total libertad. Cuando quiero me echo a dormir y cuando no, no. Hago un montón de actividades al día y las actividades que a mí me gustan. Hago lo que quiero, dentro de un orden. La verdad es que desde que estoy aquí nunca me han prohibido hacer nada y me dejan tranquila.

Pon un ejemplo

Me dejan tomar mis decisiones. Me dicen que salga tomar el sol y a mí no me gusta nada. Prácticamente todos los días que hace bueno mis compañeros salen al patio exterior de la residencia, que es una gozada, a tomar el aire. Pero a mí no me gusta porque no me sienta bien el sol y me salen manchas en la piel. Y digo, pues no voy. Me quedo dentro. Nadie me dice nada y si algún día me lo dicen se van a enterar… no se atreverían a decirme nada…

¿Por qué lo dices?

Porque reconozco que tengo un fuerte carácter. He salido a mi padre. Mis compañeros y las personas que trabajan la residencia saben que tengo un fuerte carácter. Pero me llevo muy bien con todos. He hecho amigos en la residencia y no me llevo mal con nadie. También con las que me atienden me llevo bien. Me hace gracia porque hay alguna residente que cuando quiere pedir algo me dice a mí para que yo lo pida. Cree que a mí me van a hacer más caso, cuando no es así.

¿Recibes visitas de tu familia?

Todos los días, prácticamente. De hecho, mi hija vendrá cuando terminemos esta entrevista. Vienen a visitarme mis nietos y biznietos… ¡y no son pocos! Tengo tres biznietos y cinco nietos. Me lo paso muy bien cada vez que vienen. Es muy importante recibir el cariño de los tuyos y seguir conectada. En esta residencia las familias están en su casa y entran y salen con total normalidad, como debe ser.

¿Pensabas que ibas a llegar a mayor con tanta vitalidad?

Me gustaría decir que las personas mayores, en general, estamos mejor de lo que la mayoría de la gente piensa y tenemos ganas de vivir y de disfrutar de la vida. Por ejemplo, sería curioso que por un día cada uno tuviéramos que hacernos la comida u otra cosa. Nos costaría más o menos, pero seguro que al final todos lo haríamos.

La última pregunta es libre. Dí lo que quieras

Me gustaría decir que en una residencia como en la que vivo se puede vivir muy bien. Hay muchas historias inciertas en torno las residencias, pero aquí estoy en familia, rodeada de buena gente y bien cuidada… ¡Qué más se puede pedir!